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En tanto
no hay enfermedades, sino enfermos, cualquier intento de describir
patrones de comportamiento específicos, es arriesgado, no obstante a
título orientador a los fines de prevención o detección precoz, se
pueden tomar algunos signos de alerta.
• La reiteración del malestar por sentirse incómodamente lleno luego
de una ingesta.
• Cambios bruscos en el peso corporal, asociado a cambios en la
conducta, irritabilidad o aislamiento.
• La temática reiterada acerca de lo que se ha comido o no,
explicaciones sobre el por qué se lo ha hecho o dejado de hacer.
• Comer muy lentamente, seleccionando mucho y con bocados muy
pequeños, en forma habitual.
• Negativa frecuente en relación a compartir la mesa familiar con
excusas variadas.
• Evitar comer en público.
• Comer grandes cantidades y/o variedades de alimentos a hurtadillas
o en horarios nocturnos.
• Quejas frecuentes acerca de malestares digestivos varios con
consultas reiteradas a gastroenterología, sin hallazgos clínicos
significativos.
• Realización compulsiva de actividad física, con el sólo objeto de
compensar el aporte de calorías de las ingestas.
• Excesiva preocupación e interés por las calorías de los alimentos,
desechando progresivamente la mayoría de ellos.
• Progresivo aislamiento de pares y amigos.
• Rechazo frecuente de actividades sociales o recreativas por
sentirse inadecuado físicamente.
• Quejas frecuentes de sentirse gordo/a cuando los demás lo ven
delgado.
• Vivir dominado por la comida y excesivamente preocupado por
sostener un control sobre ella.
• Rápidas oscilaciones en el estado de ánimo, entre el aislamiento,
tristeza y enojo al entusiasmo y/o impulsividad encadenados a la
imagen corporal y la conducta alimentaria.
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